Vida orgánica, Finca Río Muchacho

¿Sueñas con tener tu propia finca en un lugar apartado, rodeado de naturaleza y vivir de lo que la tierra te provee? Darío Proaño-Leroux y Nicola Mears cumplieron ese sueño. Ellos son los dueños de la Finca Agroecológica Río Muchacho ubicada a media hora de Canoa, en medio de la densa vegetación de la zona.


Su clave para lograrlo ha sido un profundo conocimiento de la tierra y la convicción de que cosechar sus propios alimentos es lo más saludable para ellos y su familia. Mientras Nicola estudiaba agricultura en Nueva Zelanda quedó impactada al ver que para el crecimiento de una sola manzana se utilizaban más de 50 componentes químicos. Para ella todos eran veneno.

Los días acá empiezan muy temprano, apenas ha salido el sol. Voluntarios extranjeros y locales se juntan a alimentar vacas, caballos, chanchos, cuyes, gallinas y hasta lombrices. A su vez estos producirán el material indispensable con el que le darán luego de comer al suelo. La caca es el elemento fundamental para alimentar la tierra.


Para ellos no es broma, se toman con mucha seriedad la alimentación de quien luego las alimentará. A tal nivel llega su entendimiento del proceso de la naturaleza que para rendirle tributo tienen un proyecto serio de hacer un monumento a la caca. La idea de cómo hacerlo aún se encuentra en debate.

Mientras trabajan nos demuestran como todo en la Finca Río Muchacho es parte de un proceso. Lo que no se comen los caballos, luego irá para los cuyes, y las sobras de estos irán para los cerdos. La caca de estos últimos se almacena para generar fuego con metano y utilizarlo como energía. Sin embargo los productores del abono más eficiente de todos son las lombrices; son las que les otorgan la mejor calidad de abono.

La alimentación de los animales concluye con el sonido de una campana que anuncia la hora de desayunar. En un sencillo comedor se juntan todos a compartir un desayuno completo con todo lo necesario para una mañana fuerte de trabajo. Granola, frutas, pan horneado en su propio horno, todo es natural. Incluso las vajillas y los cubiertos que se utilizan son hechos por ellos con mate y barro. Y aunque sean de producción casera estas vajillas se verían preciosas en cualquier hogar.


Una vez concluido el desayuno los voluntarios se reúnen con Nicola y Darío a planificar el día que se tiene por delante. Asombra el compromiso de cada uno de ellos. Todos tienen muy claras las tareas que se necesitan llevar a cabo. Son un grupo de voluntarios comprometidos con la tierra.

La mañana de hoy consistirá en cosechar café. Todos juntos nos dirigimos a las plantaciones a recoger los diminutos granos. Mientras lo hacemos conversamos y ellos nos cuentan sus historias.

Stefy es una guayaquileña que estudió diseño en el extranjero, sin embargo hoy se encuentra acá colaborando en las tareas del día a día. Su rostro refleja la felicidad que le brinda utilizar sus manos para recoger frutos y no para mover un mouse. Esta experiencia le resulta mucho más enriquecedora. Rodeados de naturaleza, con el olor del aire puro y el cantar de los pájaros podemos entender el por qué.

Otra de las voluntarias es una chica alemana realizando las mejores prácticas de su vida previo a meterse de lleno en sus estudios universitarios. Está convencida de que la agronomía orgánica será su profesión. Nosotros estamos de acuerdo.

La mañana transcurre con rapidez mientras conversamos y nos conocemos. Nuestro trabajo termina cuando la campana vuelve a sonar y nos dirigimos a almorzar. Acá se replica la experiencia del desayuno mientras todos conversan y comparten historias. Una vez hemos acabado una cuchara giratoria hecha con mate elige al que le toca lavar los platos el día de hoy. Le tocó a David.

David, uno de los voluntarios con mayor antigüedad nos explica como funciona el sistema que han creado para aprovechar al máximo cada gota de agua. Ni una gota se desperdicia ya que un canal la conduce hacia donde una planta de plátano se encuentra sembrada.

Además nos cuenta un poco más acerca de la Finca y de la visión de Nicola y Darío.

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Parte de lo que acá ofrecen son talleres que ayuden a todo el interesado a estar cerca de la tierra y a un estilo de vida más sostenible. La permacultura es su filosofía más enseñada. Esta consiste en imitar el funcionamiento de la naturaleza ya que valga la redundancia, es lo natural. Acá no vamos a encontrar un monocultivo; en un mismo lugar se encuentran distintas plantas que entre ellas se ayudan a crecer. Ellos incluso tienen una lista en la que constan los tipos de plantas que deben ir sembradas juntas y así asegurar su crecimiento orgánico.

Para ellos este tipo de conocimientos son tan importantes como aprender a sumar o leer. Lo llaman aprendizaje significativo.

En la tarde los voluntarios se dividen y realizan actividades más “libres”. Una californiana agarra su cámara y trabaja en su proyecto documental mientras la voluntaria alemana trabaja con el barro para crear una nueva vajilla.


Cuando cae la noche el grupo nos invita a una fogata. Cuando te detienes a pensarlo es asombroso que hoy en día se pueda estar alrededor de una fogata en medio del bosque al pie de un río que bajo total oscuridad se ilumina por cientos de luciérnagas.

Así que si tu sueño es tener tu propia finca en un lugar apartado rodeado de la naturaleza y vivir de lo que la tierra te provee, aprender del ejemplo de la Finca Río Muchacho es un buen comienzo.