Teatro Sánchez Aguilar

Es un domingo cualquiera en Guayaquil y nosotros nos encontramos en el Teatro Sánchez Aguilar. Hoy se presentará la última función de su obra original “El Guadual”, circo de fibras naturales.

Los acomodadores son los primeros en arribar, casi todos son jóvenes estudiantes. Viviana Mayorga es una de ellos (en realidad trabaja en boletería), pero se diferencia en que es una de las de mayor antigüedad. Ella ingresó a trabajar aquí una semana después de la apertura, y con el paso de los años se ha convertido en toda una apasionada del teatro.

Ellos, la gente que trabaja aquí, son las primeras personas en recibir la influencia cultural del Teatro.

Todavía faltan un par de horas para el inicio de la obra, sin embargo en el escenario principal ya podemos ver al equipo de producción probando las estructuras, todas construidas con Caña Guadua. Al ser una obra de circo el riesgo de un accidente es real, lo que hace que el trabajo de este equipo sea mucho más riguroso.


La idea de “El Guadual” se inició hace más de dos años por iniciativa del Teatro Sánchez Aguilar y sobre todo por la visión de su Director Artístico, el español Ramón Barranco. La falta de una compañía circense en nuestro país fue el principal motivador de Ramón para crear una obra de circo. Así nació la convocatoria a todos los interesados en formar parte de este proyecto. Desde malabaristas de semáforo hasta cantantes de conservatorio, ellos acudieron al llamado y ahora uno a uno van llegando a las instalaciones del Teatro para la que será la última función en Guayaquil.

El que no estará presente en la función de esta tarde es su Director. Leandro Mendoza, director de la obra, se encuentra en España preparando la presentación de El Guadual en el Grec de Barcelona, uno de los festivales de Teatro, Danza y Música más importantes de Europa. Leandro fue el elegido por el Teatro para construir esta obra, y viajando (por tierra) a través de Ecuador y sumergiéndose en su cultura notó el amplio uso de la caña Guadua en las construcciones rurales del país. Por este motivo decidió convertir a esta fibra natural en la protagonista de la obra.

Para el equipo de producción del teatro este es uno de sus mayores retos. Ellos tienen que lidiar con cualquier imprevisto y no es común tener que trabajar con este tipo de material. Deben conocer la caña Guadua tan bien como a los malabaristas.

Ya se encuentra todo el elenco del Guadual en los camerinos del Teatro Sánchez Aguilar y nos dan la oportunidad de conversar con ellos. Aquí nos revelan sus historias, nos hablan de sus talentos y nos cuentan sus miedos; no olvidemos que cada vez que ellos salen al escenario ponen en riesgo sus vidas.


Byron Malquin y José Cuenca son el dúo de acrobacias aéreas, de piso y baile. Ellos llevan doce años juntos en circo y han viajado por todo el mundo. Antes del Guadual se encontraban en Australia pero no se pudieron resistir ante la idea de volver a su país, lugar que aman más que a cualquier otro.

Priscila Aguilera, cantante, no solo tuvo que explorar los límites de su voz. También tuvo que aprender acrobacias para ser parte del elenco. Jordy Burgos, músico guayaquileño, aportó con su talento y su conocimiento de instrumentos musicales como el charango y gracias a su iniciativa tiene su lugar en la música que decora El Guadual.

---

El ambiente que se vive previo a la última función es alegre, emocionante, distendido. Sin embargo nadie se olvida de los riesgos; la caña Guadua es una fibra natural y como todo lo orgánico con el tiempo empieza a perder sus cualidades, y al ser hoy la última función, la hace también la más susceptible a accidentes. Ellos deben de confiar en la caña guadua tanto como en las personas con las que realizan sus acrobacias.

Nos encantaría quedarnos todo el día conversando con ellos, tienen tantas historias que contar, sin embargo la hora de empezar se acerca; ellos tienen que concentrarse para la función y nosotros tomar nuestros asientos.

Poco a poco los espectadores empiezan a llenar las butacas de la sala principal. Las luces se apagan y empieza la función. Verla luego de haber conocido a todos sus integrantes le da un sabor especial, ahora sabemos que a pesar de sus destrezas y talentos son seres humanos con miedos y defectos, al fin y al cabo son de carne y hueso.

Empieza con un maravilloso gallo personificado por tres acróbatas que juntos imitan a este animal tan típico de las zonas rurales. No solo los gestos, también los colores del vestuario le otorgan una majestuosidad original a esta corta pero entretenida introducción.

Luego podemos ver como entre un Guadual poco a poco empiezan a aparecer parte de los integrantes, mientras otros duermen en una “casa” flotante en forma ovalada construida en su totalidad con caña. Cuando estos dos grupos se encuentran empieza la función.

Sus vestuarios son otro punto a relucir, ya que aunque en un principio carecen de los colores brillantes de un circo típico, en la realidad representan la sencillez de la gente de campo. Esta simplicidad tanto en el vestuario como en los detalles bien cuidados enamoran a los espectadores.

Uno a uno empiezan a demostrar sus habilidades, sea el canto, malabares, acrobacias solitarias o a dúo, fuerza y equilibrio, El Guadual lo tiene. Además el talento no es solo individual, cada segmento de acrobacias suele constar con una transición de coreografías en la cual todos trabajan en equipo, siempre utilizando de alguna forma creativa la caña guadúa.


Al finalizar la obra todo ha salido a la perfección y el público lo agradece con una incesante ovación de pie. Poco a poco van saliendo de la sala principal y afuera los esperan emocionados los integrantes de la obra para saludarlos y tomarse fotos con el que lo desee, y estos no son pocos. Sonrisas y abrazos son la manifestación de un proyecto con más de dos años de esfuerzo y dedicación.

Una vez que los espectadores se han ido todo el equipo se reúne para festejar con un brindis el final de una etapa. Celebran lo que fácilmente se puede considerar el nacimiento en Ecuador de esta rama del Teatro. Están sentando un precedente de lo que es posible lograr en nuestro país.

En cuanto a la obra de El Guadual, aún le queda mucho camino por delante. Quién sabe hasta donde llegará este grupo de gente sumamente talentosa y dedicada. Y aunque en la obra se cuenta que de un accidente nació El Guadual, está claro que en realidad nace como fruto del trabajo de un equipo comprometido a enriquecer la cultura del Ecuador.