Entrevista Cristian León

Cristian León es un pintor cuencano, bien cuencano. Lo demuestra su forma de hablar, relajada y sencilla, muy característica de las personas de esta ciudad. Lo demuestran también sus obras, que plasman las raíces de las cuales Cristian se siente orgulloso.

A nivel cultural, Cuenca es una de las ciudades más ricas de Latinoamérica. Por sus calles pasean libremente ancianos y niños en uniforme, nativos de Cuenca y extranjeros radicados en esta bella ciudad. Caminan entre colores y texturas que se exponen en el mercado, en su arquitectura colonial, y en sus paredes adornadas con murales que en lugar de ser un acto vandálico, son una expresión artística que cuentan historias.

Algunos murales pertenecen a Cristian, y ahora también pertenecen a Cuenca. Uno de estos expone su pasado y al mismo tiempo el de la ciudad. En la obra vemos a su abuelo trabajando el cobre, material que en épocas coloniales convirtió a Cuenca una de las ciudades más atractivas económicamente.

Recorrer la Cuenca de Cristian es un privilegio; primero nos lleva a uno de sus lugares favoritos, el mercado. Aquí se concentra la ciudad en una mezcla de olores, texturas, colores y rostros. Cristian no se conforma con oler y observar, tiene que probar las frutas y conversar con la gente donde encuentra experiencias y nacen bocetos.


Luego del recorrido llegamos a su estudio. Obras en progreso y terminadas adornan las paredes, y algunas, el piso. Una de las que se encuentra colgada es “Los Gallitos de la Calle Larga”, obra que para él resulta muy especial ya que nace de la locura que se vivió en Cuenca durante el boom de los bares y la vida nocturna. Colillas de cigarrillo adornan la obra para enriquecer su significado.

A veces concluir sus obras le toma más tiempo del planeado. “Si voy a hacer algo que va a durar más que mi vida entonces le pongo una semana más”. Tiene mucho sentido lo que dice; ser consciente a este nivel demuestra la seriedad con que se toma su oficio.


Ni para él ni para nadie es fácil vivir del arte. Sin embargo desde los 18 es un “artista profesional” porque realiza sus primeras ventas, aunque aún le sigue asombrando que la gente pague por algo que para él es tan personal. Se percibe la modestia mientras nos cuenta su historia.

Estudió y se graduó de Marketing en la universidad, pero su paso por el mundo de la publicidad fue muy breve. O como el dice “conoció al monstruo” y prefirió alejarse. Sin embargo sus estudios y la experiencia le han sido muy útiles para promover su arte. No lo menciona, pero sin lugar a duda Cristian es uno de los líderes del movimiento cultural y artístico de la ciudad. Organiza eventos y exposiciones en galerías. Para él si son eventos underground mucho mejor; le parecen mucho más ricos culturalmente.

Cuando le preguntamos que opina de su ciudad nos habla con mucha sinceridad. “Ha mejorado la cultura en estos últimos años y esto es gracias al aporte extranjero. Los gringos salen a pasear sus perros y cosas así se ven muy bien”. Ellos son también sus principales clientes, y por esto podemos ver la mano de Cristian en cada uno de los bares y cafeterías que visitamos. En algunas sus cuadros cuelgan de las paredes, en otras vemos dibujadas con sus propias manos las letras que conforman el menú.

Y aunque ama su ciudad, está empezando a quedarle chica. Lo siguiente para Cristian es la internacionalización de sus obras. Habla de Europa, de Francia y de Madrid, luego se va un poco más allá y sueña con Tailandia y recorrer Asia. No podemos imaginar lo que saldrá de las experiencias que tendrá en estos lugares.

La conversación con Cristian continúa y empieza a volar. Teorías de la conspiración, viajes protesta, leyendas locales, una sola edición para contarlo todo queda corta. En broma le proponemos realizar un segundo reportaje: una expedición a la Cueva de los Tallos a filmarlo mientras pinta un mural inspirado en el padre Crespi. Suena a una locura, pero para Cristian tiene mucho sentido.


---